El sinsajo siempre resurge de sus cenizas, como el ave fénix, por más que intentes hundirlo y matarlo. Cuando tocas a sus seres queridos es cuando se sentirá herido.
Eso es lo que me ha enseñado esta saga, para mí es mi favorita, simplemente porque me identifico mucho con Katniss Everdeen, esa muchacha joven y con una vida muy dura, llena de pruebas y altibajos. Pero esta sigue adelante, es fuerte y con ayuda de sus seres queridos supera todo lo que se proponga.
Identifico tanto el Panem con la sociedad actual, una potencia que se sirve de unos distritos para satisfacer necesidades y simples caprichos, ¿dan asco, no?
Pues abre los ojos y contempla el mundo en el vives.
Además, eso de que los juegos del hambre están sobre valorados, lo cual lo dice mucha gente, que se centra más en el romance de los dos protagonista que en el mensaje que nuestra querida Suzanne Collins ha querido transmitir, y no es más que nuestra sociedad plasmada como he dicho antes.
Aconsejo con todo mi corazón que te leas la saga, porque a simples apariencias te puede parecer horrorosa, pero como suelen decir nunca juzgues a un libro por su portada, ni por sus películas. Este libro te enseña unos gran valores, mucha cultura. Trata grandes temas como el de la supervivencia propia o de la de las personas a las que quieres, el hecho de fingir ser alguien que no eres para contentar a las masas. Son grandes temas, adelante.
Si nos centramos en el tema del romance todo es muy complicado, porque no sabes lo que es real o no, como al final le acaba sucediendo a nuestro querido Peeta Mellark, un personaje complicado y muy dulce, para mí es el más lastimado de toda la saga. Y todos hemos sido un Peeta Mellark alguna vez, por lo menos yo si, dando todo por la persona que quieres y que no te corresponda, eso duele...tanto que a veces te cambia a ti mismo, los juegos cambiaron a Peeta Mellark, aquel dulce chico se convirtió en alguien que no era, y allí fue cuando Katniss se dió cuenta que le quería, porque te das cuenta de lo que tenías cuando lo pierdes.
Pero al final, el bueno vence, y todo lo que siempre deseo es real.
Siempre, real.
